No hay fiesta popular en Madrid que se precie que no estén ellos, vestidos con su traje de chulapo, su parpusa y clavel, bailando un chotis sobre un ladrillo o luciendo galas goyescas.

Representan una de las imágenes más castizas de Madrid, y ponen todo su empeño en mantener esas costumbres y tradiciones que rescatan del olvido.

“Los castizos” son una de las asociaciones que hay en Madrid con ese objetivo, en el que llevan más de 30 años trabajando.  A comienzos del siglo XX cada barrio o distrito de la villa tenía sus fiestas, sus verbenas…pero con la Guerra Civil todo eso terminó. Después, durante la dictadura franquista surgieron muchas trabas para su celebración, y no fue hasta la llegada de la democracia, con Tierno Galván como alcalde de la ciudad que no se recupera esa tradición realmente, relanzando las fiestas castizas. Cuenta Jose Luis Campos, presidente de la asociación, que ellos nacieron en 1984 gracias al impulso del Ayuntamiento de esa época.

Va desgranando el calendario anual de fiestas y celebraciones. Empezando por San Blas en febrero, las fiestas del Dos de Mayo, San Isidro, los Mayos, San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de la Paloma en mayo, San Antonio en Junio….así hasta la Almudena en el mes de noviembre, todos los meses tienen alguna festividad que celebrar. Mientras hace el repaso anual me va mostrando una pared llena de fotografías donde se puede ver a la asociación en diferentes eventos, hasta la foto de una “boda castiza” o las diferentes niñas que han hecho de mayas en los últimos 20 años.

Aunque no lo parezca, detrás de cada celebración hay un arduo trabajo de investigación y documentación de las tradiciones y fiestas: la música, los trajes que se llevaban, si había procesión o desfile cómo se hacía… En esas fiestas participan las asociaciones miembros de la Federación de grupos tradicionales madrileños, acompañadas a veces de otras asociaciones. Por ejemplo, en las pasadas fiestas de San Blas cuenta Campos, “Mira, cogemos la imagen del santo en la Iglesia de San Nicolás, a hombros, y vamos bajando con música de dulzainas hasta la zona del observatorio del Retiro, que era donde históricamente estaba la ermita.” Es un trabajo de investigación histórica también, porque esa ermita de la que habla fue la que Napoleón ordenó bombardear, aunque no todo es tan serio y formal.”Estamos en un espacio del Retiro bailando, con música…pero sobre todo bebiendo y comiendo, no nos vamos a engañar” afirma sonriendo.

Su objetivo es que las fiestas de Madrid sean tan conocidas como las que pueda haber en otras ciudades como Sevilla, Valencia o Zaragoza, y no escatiman esfuerzos para ello.

En las fiestas oficiales de la Comunidad, en vez de elegir al rey y reina de las fiestas, ellos eligen a los personajes de La Verbena de la Paloma. Así, te puedes encontrar de cañas por la calle a La Casta, La Susana, Don Hilarión o El Julián, fotografiándose con hordas de turistas que no saben de qué van pero que les parecen pintorescos para sacarse un selfie con ellos.

Insiste mucho Jose Luis en una idea, “por favor, nunca digas que vamos disfrazados de chulapos, vamos vestidos, esto no es un disfraz, es un traje regional como cualquier otro.”

En estos días están de resaca de las celebraciones de mayo, y andan planeando las actividades del mes de agosto. Muchos de los miembros de la asociación organizan sus vacaciones para poder estar esas semanas de verano aquí, en las fiestas de los barrios de La Latina y Lavapiés. Lo que suelen hacer es montar una carpa cerca de la Plaza de la Paja, organizan una programación para toda la familia, convidan a limoná y bailan. A pesar de este ambiente festivo, no todo es fácil. Los últimos gobiernos municipales les han puesto muchas trabas administrativas y económicas para que puedan seguir realizando sus actividades, y además de ello está el evidente envejecimiento de los miembros de la asociación. Hablando con Antonio y Pilar, otros miembros, lo confirman. Existe un salto generacional importante, los jóvenes no se acaban de incorporar a estas tradiciones. Encontramos niños y niñas pequeños, o ya señores jubilados en su mayoría. “Hay un segmento de edad que tenemos muy huérfano, ¡de los 8 o 9 años pasamos a los 40!”, se lamentan. A pesar de eso hay quien consigue atraer a la familia a las actividades. Antonio muestra orgulloso las fotos en que sale bailando un chotis con su mujer, u otras donde se ve a su hija vestida de chulapa. “Aún hay esperanza”, dice sonriendo.