Jurandy do sax, día tras día de manera ininterrumpida repite el ritual de la puesta del sol para todo aquel que quiera acercarse a verlo. Ha revalorizado la zona y poco a poco se ha ido creando una industria alrededor de su figura.

Jacaré es una zona de entre Joao Pessoa y Cabedelos por donde pasa el río Paraíba. En los alrededores hay un pequeño poblado humilde, de suelos de arena roja y casas de adobe de una planta. Hay peluquería, bar y una tienda donde se puede encontrar desde un barreño de plástico a un litro de leche. Un autobús hace la ruta sorteando los baches que hay en el suelo y un perro somnoliento que buscaba la sombra para poder dormir se aparta para no ser atropellado. Las estrechas vías del tren pasan cerca, y alrededor de ellas hay familias que han ido construyendo pequeñas casas con paredes de plástico y tejados de uralita. Los niños juegan entre los raíles del tren. Dos chicas con un bebé sentadas en la calle tosen al paso de los coches por el polvo que levantan. Cerca hay un motel discreto, que se anuncia con luces de neón de colores y unas paredes pintadas de color salmón.

 No tendría mayor interés el lugar si no fuera por Jurandy do sax. Jurandy es un hombre que de manera continua, desde hace 16 años, todos los días toca el Bolero de Ravel a la puesta del sol con su saxofón.

Cuenta que comenzó comprando una casa antigua que había en la ribera del río, y que montó un pequeño bar allí. En esa casa había un disco del Bolero de Ravel y él lo ponía por las tardes. Más adelante aprendió a tocarlo con el saxo, y a día de hoy se ha convertido en una pequeña celebridad en la zona. Por cuestiones medioambientales, para proteger los alrededores del río se cerraron los bares, pero en su lugar se han establecido diferentes comercios, una pequeña feria de artesanía de la zona, puestos de comida callejeros y todo un negocio alrededor de la puesta de sol.

Me dicen que jacaré significa cocodrilo, pero que el nombre de la zona proviene no de que hubiera este tipo de reptiles, sino de los aviones de los americanos durante la segunda guerra mundial, que venían a esta zona a repostar. Tenían pintado en un lateral un cocodrilo, y la gente comenzó a llamar al lugar Jacaré. Varios jóvenes venden tickets para uno de los espectáculos de los barcos. En ellos, Jurandy toca su repertorio, y luego, dos jóvenes vestidos de Lampião y María Bonita bailan forro y bailes nordestinos, animando al público a unirse a ellos.

Lampião es una figura mítica en el nordeste brasileño. Bandido para unos, una especie de Robin Hood venerado por el pueblo para otros, realmente existió a comienzos del siglo XX, y llevó en jaque a la policía muchos años, a la vez que era amado y envidiado por muchos de los habitantes de la zona. Era del sertão, la región seca del interior, y a pesar de que le faltaba un ojo, era muy coqueto y siempre llevaba gafas para disimular. María Bonita era su compañera, y representa a la mujer nordestina, con los ideales de fuerza y coraje que se le atribuyen. Fueron apresados junto con más personas de su banda de cangaceiros y ajusticiados por la policía, y hoy en día son considerados dos personajes característicos de esta región, con numerosas representaciones en dibujos y artesanías de todo tipo.

Vestido de blanco y subido en una pequeña barca de madera, Jurandy toca el saxo hasta que los últimos rayos del sol se van poniendo sobre un terreno de mata atlántica, endémica de la zona y hoy en día protegida porque queda muy poca.

Los turistas se sacan fotos y aplauden mientras las últimas notas del Bolero de Ravel suenan. Dicen que tiene el record guinnes de ser la persona que más veces lo ha tocado en el mundo. Mañana volverá a representar su espectáculo.