Malawi, el corazón cálido de África

Hasta hace no mucho tiempo, desconocía por completo este país africano, que solo salía en los medios por ser el lugar de origen de las hijas de Madonna o por las visitas oficiales de Harry y Meghan Markle. Pequeño y alargado, Malawi pasa por completo inadvertido en el mapa y mucho más en el panorama internacional, al que se está abriendo tímidamente en los últimos años. Durante julio y agosto de 2019 he estado recorriéndolo sin prisa y siempre en transporte público, entrando por el norte en la frontera con Tanzania y parando, entre otros lugares, en Karonga, Mzuzu, Nkhata Bay, Lilongwe y Dedza. Estas son algunas pinceladas para aproximarnos a este país. 

Malawi tiene fama de ser un país pacífico y estable (es conocido como The Warm Heart of Africa). Sin embargo, como en muchos otros lugares, los casos de corrupción y abusos de poder son frecuentes. Fue protectorado y colonia británica hasta 1964, aunque después sufrió unos años de represión y dictadura bajo el mandato de Hasting Kamuzu Banda, y no fue hasta 1993 que se adoptó el pluripartidismo. En los últimos años se han repartido el poder entre Bingu wa Mutharika, que ganó las elecciones en 2004, Joyce Banda, su vicepresidenta, que gobernó el país entre 2012 y 2014 al fallecimiento de este, y Peter Mutharika, hermano del primero y que desde 2014 está en el poder. A raíz de las acusaciones de fraude electoral en las últimas elecciones (mayo 2019) hay un proceso judicial abierto y frecuentes huelgas y manifestaciones pidiendo la dimisión de la persona responsable del recuento electoral.

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Mapa de Malawi

 

La bandera de Malawi es negra, roja y verde en franjas horizontales, con medio sol rojo en la parte superior. Como anécdota, contar que hubo una versión de esta bandera de 2010 a 2012 que cambió el orden de las franjas y que tenía un sol blanco en el centro.

Es un país que tiene fronteras con Tanzania al norte, Zambia al oeste y Mozambique al sur. La franja este la domina el Lago Malawi, el tercer lago más grande de África y principal fuente de recursos de las poblaciones cercanas. En los mercados se puede encontrar pescado seco y salado procedente del lago. A pesar de su aspecto y olor, es uno de los alimentos básicos de la dieta, junto con la Nsima (un puré hecho de harina de maíz) y la carne de pollo o cabra.

El lago, onmipresente en todo el país, es un recurso turístico que en los últimos años se está explotando, con muchos lugares donde se puede practicar snorkel, kayak o pesca y muy dirigidos al público occidental. Malawi, además, por su escasa contaminación lumínica es uno de los mejores lugares para ver el cielo por la noche.

El inglés y el chichewa son las lenguas oficiales. La moneda es el kwacha, y en las principales ciudades hay bancos y cajeros para cambiar o sacar dinero. Para moverse lo más práctico son los minibuses, taxis compartidos o los bagagi (aunque es el nombre en swahili, aquí también se utiliza para designar a los tuc tuc), y en las zonas rurales en moto. También se puede alquilar un coche, aunque mi experiencia aquí no fue muy positiva, porque nos dejó tirados en mitad de la carretera.

Malawi sufrió a comienzos del siglo XXI una de las mayores epidemias de VIH del mundo, que dejó un número de huérfanos muy elevado. A día de hoy el gobierno distribuye medicación gratuita, aunque el índice de personas afectadas por esta enfermedad sigue siendo muy alto. La mayor parte de la población vive en entornos rurales y vive de la agricultura y la ganadería, con la situación de inseguridad alimentaria que provoca, y que se ve agravada por el cambio climático. Hay también un problema grave de deforestación, debido sobre todo a la dependencia del carbón vegetal como fuente energética y a la quema de terrenos para dedicarlos a la agricultura. Malawi además, es una zona endémica de malaria y otras enfermedades tropicales. Por todo ello, el número de organizaciones de ayuda humanitaria (principalmente extranjera) es muy alto, lo que no quiere decir que sean efectivas. Son frecuentes los voluntarios internacionales, y mi consejo para quien quiera realizar esa experiencia es que se informe primero de la entidad, el trabajo que hace y la incidencia en la población local. Hay muchas entidades que hacen un trabajo magnífico, pero por desgracia, en ocasiones hay otras que crean una situación de dependencia que cronifica los problemas y no permite que sean los propios malauíes los que puedan desarrollarse.

A pesar de que hay numerosos aspectos a mejorar, también hay muchos proyectos exitosos que muestran todo el potencial que tiene este país. Desde la apuesta por el arte y la cultura que realizan en The Story Club, un espacio liderado por el escritor Shadreck Chikoti (y que conté en este artículo en EL PAIS-Planeta Futuro) el interés por preservar e informar del patrimonio y la cultura local como en el Cultural and Museum Centre Karonga (CMCK), todo el trabajo de sensibilización y protección de las personas albinas que hacen desde APAM y la participación de empresas como Beyond Suncare o hechos como que aunque las tasas de analfabetismo son aún altas entre la población de más edad (sobre todo mujeres), prácticamente la totalidad de los menores asisten a la educación primaria, financiada por el Estado. Las mujeres son uno de los pilares de la sociedad, y aunque Malawi es un país conservador en cuestiones de género, son frecuentes las iniciativas que mediante el deporte promueven el empoderamiento femenino y son una herramienta de integración social.

Muchos son desconocidos en España, pero hay numerosos referentes culturales. Estos son algunos de los que he ido descubriendo, pero seguro que la lista es mucho más extensa: desde la joven poetisa Upile Chisala, a Jolly Maxwell Ntaba, Jack Mapanje, Ken Lipenga, Steve Bernard Miles Chimombo, Stanley Objezani Kenani o Shadreck Chikoti como personalidades destacadas en literatura. A nivel musical, la riqueza es muy amplia, desde el jazz al gospel o sonidos y ritmos más tradicionales, con músicos como los hermanos Daniel y Donald Kachamba, Wambali Mkandawire en el Jazz y la música tradicional, el guitarrista Erik Paliani, Lucius Chicco Banda, Zomba Prison Project , Malawi Mouse Boys, iniciativas como Beating Heart o en los últimos años el festival Lake of Stars, con los nuevos talentos que han surgido de él. A comienzos de 2019 se estenó la película «El niño que domó el viento» (The Boy Who Harnessed the Wind) dirigida y protagonizada por Chiwetel Ejiofor. La película está basada en la historia real de William Kamkwamba, un chico malauí que, leyendo un libro en la biblioteca de su escuela idea un molino de viento que permite traer agua a su población. También está la selección femenina de netball, conocida como The Queens, y que es un referente para muchas mujeres y niñas que practican este deporte.

Mi experiencia en Malawi no deja de ser subjetiva y personal, pero visitar el Museo de Mua y el Centro de arte y cultura de Kungoni, un enorme espacio que llevan los Padres Blancos, me permitió acercarme a las distintas culturas y tradiciones de los principales pueblos del país, que son amplísimas. Tiene una sala con máscaras tradicionales que merece la pena conocer, además de las esculturas en madera típicas de la zona.

La artesanía tradicional también tiene importancia, por ejemplo en Dedza la cerámica es uno de los principales recursos. En Bembeke se puede visitar la catedral, situada muy cerca del hospital y la universidad, y es una de las iglesias más bonitas que he visto nunca, decorada con frescos que representan a los personajes bíblicos con los rasgos físicos de la población local. Conocer el lago y todos los recursos que ofrece es otro de los alicientes que hay, o visitar las reservas naturales más al sur. También está en Mulanje, una de las montañas más altas del continente africano y los campos de té, aunque no pude llegar a conocerlos.

A nivel de infraestructuras aún tiene muchas cosas que mejorar, pero para quien se anime a recorrerlo sin prisas y con curiosidad por conocer la cultura local es un país que tiene mucho que ofrecer. Espero que pueda ir desarrollándose y creciendo, reduciendo las brechas de desigualdad, manteniendo la estabilidad y ofreciendo oportunidades a los malauíes. Como muchos países africanos, Malawi tiene un porcentaje muy alto de población joven, que junto con el avance tecnológico y el desarrollo de las comunidades son el futuro de la sociedad.