Vengo de una tierra que tiene dos mares, donde el mayor tesoro es la lluvia, pero siempre en su justa medida. Concretamente, nací en una ciudad que tiembla con vehemencia cada cierto tiempo, allá por el año que empezamos a ser europeos.

Para mí, vivir y recorrerme estos países que ahora no se ponen de acuerdo y sacan su lado más egoísta ha formado parte de mi rutina. De pequeña, me alimenté de música, pintura y libros de viajes y aventuras: por eso estudié violonchelo y siempre quise ser periodista. Dejé la música y anduve unos años buscándome, pero con una idea clara: Disfrutar con lo que hiciera. Retomé la música pero sigo sin encontrarme.

Me licencié en derecho, pero me aburría ejercer y me dan alergia los formalismos. Continué estudiando y formándome, llevando mi vida por rincones insospechados y aprendiendo de gente muy interesante que se cruzó en mi camino.

Tiré hacia el mundo social, porque soy una utópica convencida, y a ello me dedico. Conocí otras culturas, países exóticos y lejanos, pisé diferentes continentes y me di cuenta que lo que realmente me gusta es escuchar y hablar con la gente. Escribo un blog con nombre de viento. Pintarrajeo cuadernos. Echo de menos mi casa, pero si me quedo mucho tiempo allí me pasa como los viejos marinos cuando pasan más de un mes en tierra firme, añoran el mar.

Mochila en mano, hoy estoy en Madrid, pero tengo espíritu con tendencias nómadas. Lo que más echo en falta son las croquetas de mi madre y ver el Mediterráneo.

Rocío Periago