La mayoría de  nosotros lleva enquistado, desde siempre, un viaje, que no es una visita ni una vacación, sino un sueño. Y que se va forjando poco a poco, mediante una delicada arquitectura. Es una amable melancolía, y desarrollamos un alambicado proceso para ponerla en pie: sin pasajes de avión, sin tiempo, sin dinero. De párpados a adentro. Un viaje de este tipo se ceba de lecturas, de tarjetas postales, de mapas, de fotos, de personas que irrumpen con noticias, de aventuras que otros viven y de las que uno participa, en la oscuridad de una sala de cine o en casa, a solas frente al televisor. Pieza a pieza se va armando el paisaje que reproduce esa realidad que no se puede tocar, se va trabando el vínculo que une al cortejador con su amante secreta. Es una suerte de peregrinación que tiene que ver, me parece, con el lugar al que, de una manera misteriosa amasada en los genes, sentimos que queremos pertenecer.

(Del libro Amor América, Maruja Torres)

Próximo destino Brasil