¿Soplaqué? La importancia de un nombre

En un ferry camino de Atenas, GreciaPuesta de sol en Lorca, MurciaLa parte industrial de la bahía de Málaga, AndalucíaTerreros, Almería

La pregunta más frecuente que me hacen cuando le cuento a alguien que tengo un blog llamado Soplalebeche es ¿cómo? ¿soplaqué? Invariablemente, la segunda pregunta viene seguida: ¿y eso qué significa?

Así que aquí voy a intentar explicar qué significado tiene este nombre, por qué este y no cualquier otro más fácil de pronunciar y las ventajas que le veo, después de varios años presentándoselo a la gente.

Elegir un nombre no es una decisión que se tome de un día para otro. Cuando una pareja quiere elegir el nombre de su bebé suelen barajar muchas opciones, y además tienen 9 meses por delante para escucharlos y deletrearlos lentamente para ver cómo suenan, si les convence para su futuro hijo o si les parece muy largo. Y aún así muchos se esperan a verle la cara al bebé para decidirse.

Elegir el nombre de un blog, y no de uno cualquiera, sino de un espacio personal, con perspectivas de que dure en el tiempo y que muestre un trocito de ti no es cosa simple.

Al igual que si fuera un recién nacido barajé muchos nombres, pensé en mil y una opciones pero en todos pasaba lo mismo: O muy rimbombante (¡qué responsabilidad!) o más de lo mismo (me aburrooo) o simplemente, no me decía nada en especial. En ese momento yo vivía en Cartagena, una ciudad de la Región de Murcia, y estaba pasando por una de tantas crisis existenciales de mi vida. El mar, acercarme por la tarde paseando hasta el puerto y sentarme a pasar las horas viendo el trajín de los barcos era una de las pocas cosas que me distraían allí. Y no sé cómo, surgió la idea del Lebeche.

No es un nombre tan poético como el Siroco, no es la Tramontana o el Cierzo… es el Lebeche, así, a secas.

Cuando me puse a investigar, a mi vena romántica le gustó la definición: primero trae la arena del Sáhara, ese polvillo en suspensión que da una sensación de bochorno tremenda (la calima), pero luego hay una bajada de temperaturas y suele llover. Me gustaba ese contraste arena-lluvia, imaginar la arena de un desierto a miles de kilómetros con todas las historias que habrá vivido, la gente que la habrá pisado, los cientos y cientos de kilómetros recorridos…y la lluvia, como regalo en una zona que siempre sufre de sequía. Le di varias vueltas a esa imagen de mini-monzón, de primero calor y luego agua y cada vez me gustaba más, aunque reconozco que el nombre sonaba un poco complicado.

Recuerdo una amiga que me entrevistó en un programa que llevaba en la radio, y en directo al presentar el blog dijo “soplalaleche”… y yo “no, soplalebeche”, y así nos tiramos unos segundos sin saber cómo salir. No es la primera que se confunde al pronunciarlo, ni será la última. Trabajar el posicionamiento web con un nombre así es bastante complicado, para qué lo vamos a negar. Pero a mí me gusta. Me gusta esa concatenación de sílabas: SO-PLA-LE-BE-CHE, le tengo ya cariño. Y lo reconozco, me hace mucha ilusión cuando alguien lo dice bien a la primera. Además, tiene sus ventajas.

Un blog que hable de viajes suele tener invariablemente las palabras viajar-mochila-mundo-maleta y similares…. Aquí hay mucho más, no es sólo un blog donde comparto mi experiencia de viajera, hay también artículos, pequeños reportajes periodísticos o historias varias.

Llamarse Antonio, Juan, Pepe…hay muchos, y finalmente te acaban poniendo un apodo, un diminutivo o llamándote por el apellido. Soplalebeche tiene el encanto de los nombres raros, escasos, diferentes… esos que luego todo el mundo recuerda.

Recuerdo también el día que descubrí que el lebeche existía en Italia (¡allí se llama libeccio!), me gustó pensar que el viento no entendía de fronteras ni de países, y que era algo parecido a un espíritu libre vagando por el Mediterráneo.

Aquí ya conté un poco el nacimiento del blog, los cambios y la evolución que ha ido sufriendo a lo largo de estos años. La idea no ha cambiado, los temas son los mismos, solo que de una manera más global, más mía. Soplalebeche es un trocito de mí, que habla de diferentes lugares  y también de periodismo social. Un blog de viajes y buenas historias con nombre de viento del sur.